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Los claroscuros de Julio César Chávez en docuserie de la leyenda: “Hice mucho daño a mi familia”

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Julio César Chávez abre las puertas a los episodios más íntimos de su vida en Chávez vs. Chávez episodios más difíciles de su vida personal. Foto: Martín Avilés.

“Cachito, cachito, cachito mío…”, solía cantarle a Julio César Chávez su madre Isabel cuando niño. Ese icónico estribillo de la canción de Consuelo Velázquez aún resuena en la cabeza del mejor boxeador mexicano de la historia, y es precisamente la parte que más dolorosa para él de la ducoserie titulada Chávez vs. Chávez dirigida por Diego Enrique Osorno y en la que narra de los más épicos a los más oscuros pasajes de su vida.

Julio César Chávez González (12 de julio de 1962) nació en Ciudad Obregón, Sonora, una localidad enclavada en el noroeste mexicano, donde aprendió a boxear y supo que solo con la guardia y los puños podría cumplirle el sueño a su madre de tener una casa propia. 

Y no solo lo logró, de paso, se convirtió en el mejor superligero de todos los tiempos y uno de los más laureados de todo el pugilismo profesional. Esa proeza alcanzada por JC Chávez ha sido narrada desde sus propias entrañas en una auto catarsis en la que toma la cámara como espejo para mirarse con sinceridad y contar cómo fue que rozó el cielo con las manos y cayó hasta el suelo de súbito por las adicciones.

“Este documental, esta serie, la verdad que en un principio no quería. Fue aflojar, no sólo el dinero (bromea) sino simplemente porque sabía que se iban a ventilar las cosas que no, que están en el pasado. Cometí muchos errores, hice mucho daño a mi familia, hice mucho daño a mí mismo, pero sobre todo a mis seres queridos. Y al volver a recordar todo ese pasado después de 18 años sin alcohol, sin drogas, limpio, pues lógicamente sí, me pega, me pega, me pega duro”, compartió El César del Boxeo en la presentación de su docuserie.

¿Qué revela la docuserie Chávez vs. Chávez sobre la vida personal del boxeador?

“Y luego ver esas imágenes de mi madre, tan sana mi madre, cantándome esa canción de ´Cachito, cachito, cachito mío´, y luego ver ahorita el estado de salud de mi madre, que está en un estado muy delicado y lógicamente que me pega, me está pegando ahorita siempre que hablo de mi madre, que siempre ha sido el motor, siempre fue el motor, siempre fue la inspiración mía y verla de esa forma, la verdad sí, me llena de mucha emoción y de mucho dolor”, continuó.

Es así como la Leyenda abre su corazón para esta obra que se estrenará el próximo 11 de septiembre. Y en su viva voz describe cómo pasó de querer devorarse el mundo para complacer a su mamá a caer en las garras del vicio, un problema tan grande que lo llevó al grado de ser acusado por la madre de sus hijos de haberla violentado.

El vivo retrato del más humano de los dioses del boxeo.

“Por pendejo (aceptó hacer el documental), porque va a haber mucha gente que me va a criticar y juzgar. Por ejemplo, hay una escena ahí, donde sale la mamá de mis hijos, de Julio y Omar, dijo que yo la golpeaba, ahí se le fueron las patas a este cabrón (director). Pero que quede bien claro, por más drogado que anduviera, o por más borracho que anduviera, nunca golpeé a la señora. Imagínense un golpe mío. En ese momento que ella habla todo eso, estábamos en una disputa de muchos millones de pesos, entonces, la abogada de ella nos estaba buscando cómo meter cizaña para chingarme”, contó.

Detalles del histórico combate en el Estadio Azteca

Pero así como contó esos oscuros pasajes de su vida, el Gran Campeón Mexicano, recordó sus mejores momentos en el ring y voces como las de Mike Tyson, Mauricio Sulaimán y el propio Muhammad Ali —en una entrevista rescatada de años atrás— lo describen a detalle desde una óptica distinta para desmenuzar su leyenda. 

Y sobre todo, recordó con emoción el día en que abarrotó el Estadio Azteca con más de 132 mil asistentes presentes el el 20 de febrero de 1993, cuando defendió su título superligero del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) ante el estadounidense Greg Haugen, Saúl Álvarez era apenas un bebé.

“Fue una noche increíble, lo juro por Dios. Nunca pensé que lo fuera a llenar. Pero me llevé la sorpresa de mi vida. Al llegar al Estadio Azteca y ver miles y miles de gente afuera. Y cuando entro al Estadio Azteca estaba súper llenísimo, no se podía ni caminar. ¿Cuánto se hace del camerino al ring? Por mal 3 minutos. ¿Saben cuánto hice yo? 12 minutos. No se podía caminar por las canchas, la gente me quería tocar. Fue una noche inolvidable“, sentenció.